domingo, 28 de marzo de 2010

Tipos de Point Guard (II)

Lo que quizá a la mayoría de aficionados al baloncesto se le venga a la cabeza cuando oye la palabra ''base'' sea lo que yo voy a titular como base director o playmaker, esto es, aquél que dirige el juego ofensivo haciendo partícipes a sus compañeros más que a sí mismo. Se tiende a creer que estadísticamente debe promediar un elevado número de asistencias pero no tiene por qué ser así. Esto se ve muy claro en el baloncesto FIBA donde hay muchos bases que pueden haber realizado una dirección perfecta a lo largo de un partido sin hacer más de dos o tres asistencias (trataré el tema de la diferencia estadística a ambos lados del Atlántico en posteriores entregas).


En el baloncesto NBA el base director es aquél que responde muy positivamente ante ataques estáticos y sabe manejar ajustar el juego de su equipo al tempo del partido, y si es necesario, modificar dicho tempo. Ciñéndonos a esta descripción (más subjetiva que otra cosa) deberíamos excluir de dicha calificación a bases tan consagrados como Steve Nash o Rajon Rondo. Quizá el ejemplo del primero resulte más impactante. Hay que recordar que el salto de calidad que dio Nash se produjo a partir de su llegada a Arizona, en donde el juego del equipo se adaptó al baloncesto para el que el canadiense nació. Ni más, ni menos.



A lo largo de la historia el baloncesto ha conocido muchos bases directores muy competentes. Desde Cousy a Stockton pasando por Oscar Robertson y por supuesto Magic Johnson. Pero del baloncesto que yo he visto en vivo quizá ninguno como Jason Kidd en su etapa en New Jersey.





Quizá lo que posterice a Kidd sea su memorable gesta de más de 100 triples dobles en su carrera. Pero sin embargo le recuerdo encuentros memorables y sobre todo, cualidades tremendas. Su concepto de juego abarcaba prácticamente todos los ámbitos del baloncesto. En torno a él hay varias historias curiosas (dejando de lado su vida personal que la verdad, poco o nada me importa). Sus 1vs1 con Gary Payton en California con los que, dice, perfeccionó su técnica individual (y aquel juego de poste que liquidaba cualquier defensa individual del base rival), su tremenda irregularidad en el tiro de lejos, por el que pasaba una temporada de ser un excelente tirador y la siguiente un jugador al que se le podían dar metros, su intuición para el rebote, su magnifica defensa...


Recuerdo tiempos dorados en New Jersey, no hace mucho. Un equipo que teniendo como tenía, cuando llegó a las Finales a principios de siglo, muchas carencias, ofrecía un baloncesto de altísimo nivel. Y tambien recuerdo que al primer catarro de Kidd se desmoronaba todo.


Contó una vez que es duro ir al gimnasio cuando tus amigos salen para jugar en la NBA. Al menos por mi parte, tiene una ínfima recompensa: una gratitud infinita. Por hacerme disfrutar aún más del juego.

Si cabe.

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